viernes, 17 de enero de 2014

¡Ay amor de hombres!

Por: Jorge Uribe Piedrahita 
Comunicador Social /Organizacional
Periodista
Especialista en Mercadeo Gerencial
Docente Universitario
Líder Coach


A veces lo que más deseas nunca se cumple y a veces lo que menos esperas que suceda ocurre. Conoces a cientos de personas y ninguna te deja huella y de repente conoces a una persona y te cambia la vida para siempre...

La historia entre Fabrizio y Daniel se remonta a aquellos tiempos en los que el amor era mediado por la cibercultura, encuentros cálidos y a veces dizque casuales, que llevaban a que dos almas se unieran en una sola para transformarse mutuamente. El uno vivía en San Patricio y el otro, residía a 6 horas de distancia en avión, en un pueblo llamado Agualimpia.

Se conocieron con un tímido saludo que envío Fabrizio al buzón de mensaje de Daniel, pero quizás ninguno de los dos sospecharía que sería el inicio de un amor eterno, de aquellos que bajan hasta la mortaja. 

Días constantes de conexión Web, días de interactuar a través de la pantalla inventada por el hombre para devorar el mundo de conocimiento, días de emoción, identificación, pero sobre todo, de gestarse un romance que ninguno de los dos midieron en alcance, pero que al nacer y fortalecerse, se convirtió en un vínculo eterno, de esos que ejemplifican el amor igualitario, el amor diferente, el amor "anormal", el amor entre hombres.

Después de mucho hablar, de mucho "conocerse", de saber qué vivía el uno y el otro, de escenas de celos por ausencias de Daniel, de besos y desnudos, de caricias electrónicas, de las ansias locas por viajar el mapa de ambos cuerpos y poder calmar la sed que llevaban en sí; decidieron encontrarse.

Fabrizio armó maletas y se fue al Sur, a conocer a su amado Daniel, sin saber que este viaje sería diferente, pues él lo haría vivir en un mundo de sensaciones y emociones, y más allá que sexo, tocaría sus cables emotivos y ambos harían un corto electrónico de pasión, amor y entrega... El encuentro en el aeropuerto, confirmaba lo que muchas veces Fabrizio le decía a Daniel: "Yo sé que usted y yo nos conocemos desde otras vidas..." Fue una cita sin sorpresas, pues ambos sentían que se habían visto desde hace miles de años y que como siempre, ese bendito destino, los volvía a unir para iniciar la misión especial que se les encomienda en cada vida que comparten. 

Bajaron a Agualimpia, pero Daniel, aunque enamorado de esa imagen de hombre cálido, de hombre tierno... enamorado de su figura varonil, de sus manos decoradas con delicados vellos negros; enamorado de esa espalda con curvas que tiene un deleitoso desenlace en unos abultados glúteos; nunca pensó que Fabrizio se anclaría en su corazón de una manera tan profunda, llevando a la transformación de ambos, permitiendo que Daniel viviese los mejores momentos de su existencia. 

Comenzaron a transcurrir los días y las experiencias apegaban a ambos seres; a veces Fabrizio se sentía asfixiado por la constante presencia de Daniel, pero cómo desaprovechar cada instante que la vida y el tiempo les obsequiaba a ambos... cómo desperdiciar esa oportunidad única y feliz que les entregaba el destino para que la compartieran. Finalmente, nunca se abandonaron; fueron allí, estuvieron allá, compartieron con seres queridos, con personas inigualables que emanan sabiduría, sabor a barrio, sabor a tierra de gente cálida. Ambos también dejaron que el licor recorriera por sus venas y que el amor brotara en cada encuentro sexual. Fabrizio le indicaba, constantemente, una pequeña frase a Daniel: "No se enamore, que el que se enamora pierde". Sin embargo, al parecer Daniel quería demostrarle a Fabrizio y al mundo, que no siempre se pierde en el amor y que muchas veces, se gana una unidad, un encuentro fortuito y fatal, se gana una vida al lado de la persona que más amas en el mundo.

Se apegaron al punto de que ambos se necesitaban, al punto de que el mero sonido de "me tengo que ir para mi ciudad", representaba un caos en el corazón de ambos. No se querían apartar, hubo promesas que cumplirán: La entrega mutua hasta la vejez, el respeto por el otro, la fidelidad y la lealtad ante la distancia, el cuidado mutuo en pro de la estabilidad del otro, las ganas de estar juntos en un futuro cercano para forjar una familia... Las promesas tan sencillas se convirtieron en un reto para la vida, para el destino, ese mismo que los unió en una noche de navegación por la Web y que finalmente, les tenía que alcahuetear para que pudiesen consumar y cumplir con cada uno de los pactos realizados y sellados por el enlace de los dedos meñiques de ambos y un beso eterno que se convierte en la firma más importante ante cualquier notario. 

Les ocurrió de todo, el coche de Daniel tuvo un incidente que casi cobra la vida de ambos, venían de otro pueblo y, sin medir consecuencias, se quedaron dormidos, el golpe los despertó y el vehículo ya estaba averiado. También asistieron a eventos públicos, a encuentros familiares, a fiestas sociales, a restaurantes y a moteles. Daniel estaba maravillado, encontraba un hombre que se acomplaba a sus gustos musicales, halló a un ser humano que le enseñó cosas bonitas, lo invitó a leer libros interesantes, a descubrir nuevas películas, cumplió sus caprichos, le explicó sobre cultura, historia y arte... Se emocionaban comentando una película que obviamente vieron abrazados. Ambos disfrutaban de la sencillez, de tomar un par de copas de vino bajo la lluvia que golpeaba el techo de la habitación al compás de unas notas musicales, simulando una orquesta que rendía serenata al amor que florecía entre Daniel y Fabrizio. 

Fabrizio se convirtió en el yerno amado, en el cuñado amigo, en el novio perfecto, se acopló a la familia de Daniel de una manera impecable, les cocinó esos deliciosos platos que la experiencia del mundo le había enseñado para deleitar el paladar de los hombres. Daniel, por su parte, sintió propia la familia de Fabrizio, los aprendió a querer y a distinguir... compartió con cada uno de ellos y se enamoró de sus personalidades, de tres pequeños gatos, de una bailarina y la bella Tana... En este punto, debo aclarar que la familia de Fabrizio también vive en Agualimpia, él ha estado durante muchos años en San Patricio, trabajando para velar por el bienestar de los suyos, ya que su propia patria no tuvo alas suficientes para abrigarlo y brindarle una oportunidad laboral y así trabajar y estar al lado de sus seres queridos. 

El tiempo corrió como el mejor de los caballos de competencia, transcurrió tan rápido como una liebre en apuros. Daniel quería parar el reloj con sus ojos viéndole, con las ganas de abrazarle eternamente y morir así, en silencio, solamente escuchando el sonido de los órganos de Fabrizio. Las lágrimas empezaron a fluir y el apego se intensificó, sin embargo, el tiempo no cesó, estaba agotando los instantes que la vida les había obsequiado, les rapaba los minutos sin dejar tregua.

Llegaron al lugar donde unieron por primera vez sus cuerpos para darse un abrazo: El aeropuerto. Daniel sentía que la vida le arrancaba parte de su ser, no quería que Fabrizio partiera hasta San Patricio, cada segundo se tornaba en una oportunidad para amarle y transmitirle el agradecimiento que invadía su ser por hacerle vivir 50 días maravillosos. Sin embargo, así como lo es todo en la vida, Fabrizio tenía que ingresar por esa puerta que lo llevaría al avión. Ambos se desmoronaban, el apego se evidenciaba, el amor emanaba, el deseo por estar juntos era obvio. Poco a poco Fabrizio fue ingresando y el interior de Daniel estaba dividido en pequeñas partes, sentía que su alma se iba, que su ser y su aliento se extinguían, que las ganas de vivir viajaban en el avión que se robaba a Fabrizio de su presencia. Los abrazos, los besos, las lágrimas embellecieron aquel escenario, tanto amor, tanto gusto, tanta felicidad, era empañada por la realidad, por aquello que los hombres aún no saben explicar...

Se fue Fabrizio y el corazón de Daniel, so pena de latir, parecía que había cesado, estaba helado. Un frío intenso recorría cada espacio de su cuerpo y el añorar a Fabrizio se hacía cada vez más presente.

Ambos se prometieron estar juntos, de luchar juntos, de edificar una familia, de llegar hasta la vejez, de procurar el bienestar del otro, de amarse intensamente, de forjar una bella familia ¿Cuándo volverán a reencontrarse? Nadie lo sabe, pero los deseos y las promesas pactadas deben cumplirse...

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