Por: Jorge Uribe Piedrahita
Comunicador Social /Organizacional
Periodista
Especialista en Mercadeo Gerencial
Docente Universitario
Líder Coach
"Hay una mitad mayoritaria, y hay una mitad que es minoría", Nicolás Maduro Moros.
Cuando creí que ya lo había visto todo con Chávez, cuando sentí que ya nadie podría superar al borracho de Ortega, cuando estaba seguro que no había una bestia más grande que Evo Morales, cuando intuí que ya jamás el mundo daría a luz un presidente tan bruto como los anteriores, llegó Maduro a la Presidencia de Venezuela y asesinó mis ilusiones.

Debo confesarles que me causaba cierto tedio escribir sobre las andanzas de Maduro, con Chávez todo era diferente, era más apasionante, más cómico, generaba un poquito más de esfuerzo profesional para descifrar sus discurso, pero en el caso de Nicolás, escribo ya por mera diversión, porque entre pájaros que hablan, penes que se multiplican, una mitad mayor y otra mitad menor, millones y millonas, que en Colombia una botella de agua cuesta 150 mil pesos, o en el inverosímil caso de vos no SOS Venezuela, vos SOS gringo... solo queda tener paciencia y reír con gracia.
Y es que en su escasa capacidad intelectual ¡Qué digo escasa! En su nula capacidad intelectual, Maduro se le olvidó gobernar y creyó que ser presidente es sentarse frente a un conjunto de personas, más bien, con apariencia de focas, porque solo aplauden; a lanzar insultos contra la oposición, a gritarle a Uribe que es un paraco que causa desorden en Venezuela o a vociferar que el imperio yanqui quiere dar un golpe de Estado en contra de su hermosa e inteligente revolución bolivariana.
Solo queda enviarle a ese bello pueblo venezolano un sentido pésame por la figura tan singular que les tocó como presidente, y también motivarlos a que tengan paciencia, porque los insultos con un tufillo nacionalista barato, las agresiones maquilladas de socialismo, las amenazas con grupos paramilitares y militares, y las masacres por parte de un inútil útil jamás cesarán, o quizás puedan desembocar en un golpe instaurado por el mismo Diosdado Cabello, quien sabe mover muy bien las fichas.
Con respecto a Colombia, prepárense medios de comunicación, porque a penas comienza el uso y abuso de nuestra imagen como cortinilla de humo para ocultar los síndromes especiales que tiene el proyecto chavista desde sus inicios. Por ahora, le pedimos al gago de Santos que no vuelva a llamar al vecino "Mi nuevo mejor amigo".
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